El término vientre
incluye, tanto novillas o buvillas, como vacas o búfalas, que a su vez
deben manejarse en forma diferente.
El empadre o la
inseminación artificial de las novillas y buvillas comerciales se debe
efectuar cuando alcancen un peso vivo por encima de 300 y 400
kilogramos de peso respectivamente, o bien 65 al 70% del peso adulto de
los vientres comerciales del hato (Bastidas, P.S., 2002).
Recientemente se ha demostrado que, si una novilla comercial se preña
con un peso igual o mayor a 340 kilogramos, se reduce el tiempo
necesario para lograr su segunda preñez.
Las novillas próximas
al parto (30 días antes, o al llenado de la ubre) se deben introducir
al lote de vacas en ordeño, para acostumbrarlas al personal y a la
rutina de manejo durante el ordeño. Esta práctica es más necesaria en
novillas con mayor proporción de Cebú, debido a que son animales
nerviosos. La práctica de colocarle a cada novilla un cabezal o
gamarrón que lleva anudados unos dos metros de lazo, dejándolo
arrastrar libremente por el suelo, permite que las novillas, al pisar
el lazo, se acostumbren a estar con la cabeza amarrada, mientras se
adaptan al ordeño.
2.1. Potreros de maternidad
Los vientres próximos al parto (una
vez se inicia el llenado de la ubre) deben ser llevados a un potrero de
maternidad. Este deberá ser un lote preferiblemente plano, sin zanjas,
huecos o pozos desprotegidos y sin acceso a bosque, para evitar la
pérdida de terneros. Con agua permanente, abundante y limpia, con un
cobertizo pequeño o árboles de sombra. Debe estar contiguo a una
vivienda de la finca, con el fin de poder ser revisado dos veces al día
por el personal, para ayudar oportunamente a las vacas durante el
parto, en caso necesario. El potrero de maternidad no debe ser
utilizado para mantener animales enfermos, animales de otras especies o
animales ajenos a la empresa.
En vientres con alto
mestizaje de razas lecheras europeas se puede presentar Fiebre de Leche
(Hipocalcemia), antes, al momento o después del parto. Esta situación
se puede prevenir al suministrar sal blanca en los saladeros del
potrero de maternidad (Botero y Kass, 1985).
El área del potrero de
maternidad depende del tamaño del hato, siendo preferible que esté
dividido en, al menos, dos lotes, para hacer un pastoreo alterno y
evitar el sobrepastoreo o la necesidad de suplementar las vacas
próximas al parto. Las cercas periféricas no deben ser electrificadas y
deberán impedir el acceso a perros.
3. MANEJO DE LA VACA RECIEN PARIDA
Una vez que la vaca ha
parido sin dificultades, hay que asegurarse de que el ternero puede
amamantar los pezones normalmente dilatados. La vaca sólo deberá
ordeñarse por primera vez a las 24 horas después del parto, para
procurar al ternero recién nacido el consumo del calostro durante las
primeras 6 a 8 horas posparto. Se debe controlar además que la vaca
expulse la placenta en un tiempo máximo de 48 horas después del parto,
en caso contrario, se afrontará como una retención de placenta y deberá
ser tratada según criterio del veterinario. (De Alba, 1985).
Si se presentan heridas
por dilatación excesiva de la vulva, deben curarse oportunamente para
evitar miasis o gusaneras e infecciones bacterianas. La vaca recién
parida podrá entonces desparasitarse y deberá permanecer por cinco días
en el potrero de maternidad, ante la presencia permanente del ternero.
Al sexto día su leche ya puede ser ordeñada para la venta, pues ya no
produce más calostro.
En raras ocasiones se
presenta antes, durante o después del parto el prolapso o salida de la
vagina, del cuello uterino e inclusive del útero de la vaca. En estos
casos debe lavarse el órgano prolapsado con abundante agua limpia,
espolvorearle azúcar en abundancia, el cual en 30 minutos reduce el
edema, al extraer el agua acumulada dentro del tejido, además de que
desinfecta, estimula la cicatrización de heridas y lubrica el órgano,
para introducirlo de nuevo más fácilmente dentro de la cavidad pélvica y
luego coser o suturar los labios de la vulva, desde la comisura
superior hasta cerca de la comisura inferior, para permitir la salida de
la orina durante la micción y evitar un nuevo prolapso vaginal,
cervical o uterino. La sutura se retira en tres días, cuando ha
terminado la relajación de los ligamentos pélvicos por efecto hormonal
normal, cerca del parto o del celo de la vaca. Las vacas que presentan
este prolapso es mejor eliminarlas del hato, para no correr el riesgo
posterior de muerte y pérdida total del animal.
4. MANEJO REPRODUCTIVO DE LAS VACAS EN ORDEÑO
Está ampliamente documentado en la
literatura pecuaria tropical, que la presencia permanente del toro
reproductor en el lote de vacas lactantes estimula la presentación e
intensidad de los celos. En caso de que se utilice monta controlada o
inseminación artificial, además de la observación del personal, la
presencia permanente de toretes enteros (con pene fijado, desviado o
vasectomizados) o de vacas androgenizadas, estimula la presentación e
intensidad de los celos y permite la detección oportuna de los celos
normales y silenciosos. La utilización de probadores o marcadores, que
detectan los celos oportunamente, permite efectuar la monta controlada o
la inseminación en su momento más apropiado, para así obtener una
mayor eficiencia reproductiva. (Botero y De Alba, 1990).
Debido a que la gran
mayoría de los celos en las hembras bovinas se presentan durante la
noche, cada animal detector de celos debe portar un chimbol (marcador
con tinta, sostenido por un arnés debajo del mentón). Las vacas que
amanecen marcadas con la tinta del chimbol deben ser servidas o
inseminadas oportunamente.
A partir del sexto día
después del parto la vaca puede ser expuesta al toro, sin tener que
preocuparse por el hecho de que sea servida al presentar su primer
celo, pues solamente quedará preñada si está apta para mantener la
gestación. En vacas, el primer celo fértil se debe presentar entre 45 a
60 días después de cada parto.
Si la vaca se preña muy
temprano, después del parto, es necesario secarla más temprano, pero
la vaca produce cerca del 90% de la leche de la lactancia en los
primeros seis a siete meses del ordeño.
4.1. Destete temporal
Una práctica que se
puede utilizar para estimular la presentación del celo fértil en las
vacas con ovarios no funcionales, es el destete temporal (De Alba,
1985). Consiste en que las vacas que durante los primeros 60 a 90 días
posparto no han manifestado celo, se les aísla el ternero durante 72
horas continuas. Además, las vacas sometidas a destete temporal no
deben ser ordeñadas durante esos tres días, sin que esto haya causado
el secado de la leche, ni haya causado mastitis.
El efecto fisiológico
de esta práctica consiste en lograr suspender temporalmente la
producción de la hormona prolactina, la cual bloquea la producción de
factores liberadores de las hormonas folículo estimulante (FSH) y
luteinizante (LH). El nerviosismo causado en la vaca, por el destete
temporal, hace que se liberen al torrente circulatorio los
corticoesteroides (adrenalina y noradrenalina), que bloquean
temporalmente a la prolactina y estimulan a la vez la producción de los
factores liberadores de las hormonas FSH y LH, que desencadenan el celo
fértil. La mayoría de las vacas responden a un primer tratamiento,
sólo unas pocas vacas requieren de dos tratamientos, con un intervalo
de quince días, y hay unas pocas vacas que no responden. Esta práctica,
para ser exitosa, requiere de una buena condición corporal de las
vacas (que se logra con buena alimentación) y de buenas cercas,
instalaciones y personal de manejo.
4.2. Lavado intrauterino estimulante del celo
En vacas que, aún teniendo una buena
condición corporal, no entran en celo oportunamente, se presenta la
alternativa de hacerles un lavado intrauterino con 50 cc de una
solución madre de Lugol al 1% en agua destilada (Bicca Andujar et al, 1978).
Con este tratamiento
se puede esperar que hasta un 80% de las vacas con ovarios no
funcionales, pero en buen estado de carnes, manifiesten un celo fértil
en 4 a 12 días después del lavado. Un mínimo de vacas requiere de dos
lavados y unas pocas vacas no responden al tratamiento. La solución de
Lugol causa una leve irritación de la mucosa uterina y al mismo tiempo
una desinfección interna del órgano.
4.3. Manipulación del útero en el primer mes posparto
Randel (1993),
documentó el efecto positivo de la palpación rectal alrededor del día
30 después del parto y su acción sobre el incremento de la eficiencia
reproductiva en el ganado bovino en amamantamiento. Esto se debe a que
la manipulación del útero, realizada por un profesional competente,
hace que en la vaca madura (2 o más partos) el aparato reproductivo
libere prostaglandina F2 alfa, que actúa reiniciando el ciclo estral.
5. ALTERNATIVAS PARA EL AMAMANTAMIENTO
Se hace necesario diferenciar si se
realizan uno o dos ordeños al día, lo cual dependerá principalmente de
la disponibilidad y calidad del forraje o suplementos, pero también de
la posibilidad de mercadeo, de procesamiento o de almacenamiento de la
leche del ordeño de la tarde, en caso de disponer de equipo de
enfriamiento.
5.1. Ordeño único diario
En este manejo tradicional los
terneros lactantes permanecen con las vacas desde la finalización del
ordeño en la mañana, hasta la una o dos de la tarde, hora en la cual se
apartan hacia el corral o preferiblemente hacia un potrero donde
pastorean durante la tarde y la noche.
En vacas puras o
cruzadas, utilizadas para la producción de carne, también se puede
realizar un solo ordeño diario durante los primeros 90 a 100 días de
lactancia, soltando luego la vaca con el ternero para criarlo a toda
leche. Esto permite incrementar la eficiencia reproductiva en el ganado
de carne y obtener un flujo de caja adicional, sin afectar el peso de
los terneros al destete.
5.2. Amamantamiento restringido
Una práctica que
incrementa sensiblemente la eficiencia reproductiva en los hatos de
doble propósito consiste en que los terneros entre 4 a 5 meses de edad,
dependiendo de su estado de carnes, son separados de sus madres una vez
se termina la labor del ordeño de todo el hato en la mañana.
Esta práctica puede
hacerse más drástica, separando los terneros desde el día inicial del
ordeño, siempre que se pueda realizar un segundo amamantamiento, al
medio día.
A partir de los 4 a 5
meses de edad, los terneros manejados así ya tienen el rumen
desarrollado y funcional y pueden aprovechar mejor los nutrimentos de
los forrajes.
En el ordeño diario es
conveniente dejar un cuarto de la ubre sin ordeñar. Esta leche, además
de la residual, será la que amamante el ternero. El cuarto no ordeñado
deberá alternarse con frecuencia para evitar la deformación de la
ubre. Esta práctica sólo se hace necesaria en vacas hasta con cinco
meses de edad del ternero; a partir de esa edad, el consumo de la leche
residual es suficiente para que el ternero logre un peso adecuado al
destete.
El amamantamiento
restringido evita la pérdida excesiva de peso, común en los terneros
como causa del estrés del destete.
5.3. Doble ordeño con ternero
En esta práctica,
mínimo 10 horas después de iniciado el primer ordeño, se puede realizar
un segundo ordeño, cuya producción dependerá, desde luego, de la buena
alimentación de las vacas. Los terneros, en este caso, sólo se
encuentran con sus madres durante el apoyo y el escurrido de la ubre en
cada ordeño.
Tanto para el caso del
doble amamantamiento, como para el doble ordeño con ternero, además de
la necesidad de contar con buenos potreros o con un suplemento de alta
calidad, para compensar en parte la menor cantidad de leche
suministrada al ternero, se requiere de mano de obra adicional para la
ejecución del segundo ordeño, por lo que en ciertas circunstancias
puede no ser rentable.
5.4. Doble ordeño sin ternero
Esta práctica requiere
del adiestramiento de las vacas para lograr la bajada de la leche, sin
la presencia del ternero.
Las novillas de primer
parto se acostumbran más fácilmente a esta práctica y hay algunas vacas
que nunca se someten a ella.
El mayor inconveniente
de este tipo de ordeño es el alto costo de la crianza artificial de las
terneras, la venta obligada de los machos al nacimiento y la
incidencia de mastitis, que es mayor en las vacas que no son
amamantadas, sin importar si el ordeño es manual o mecánico (Botero y
Preston, 1988). En este caso el sistema de manejo se intensifica a tal
punto que deja de ser un doble propósito, para convertirse en un
sistema de lechería especializada.
6. MANEJO DEL TERNERO RECIÉN NACIDO
Durante las primeras cinco a ocho horas
después del parto de una vaca, se debe procurar que el ternero recién
nacido amamante a la madre, para consumir el calostro. Las
gamaglobulinas, contenidas en el calostro, consumido oportunamente por
el ternero, le confieren inmunidad contra algunas enfermedades
infecciosas, hasta que su sistema inmunitario se active y pueda
responder a las vacunas y producir así los anticuerpos requeridos para
que el ternero no enferme de manera crónica o no muera por causa de
enfermedades infecciosas que se le presenten en forma aguda.
También, es necesario
“curar” el ombligo del ternero durante su primer día de vida, para
evitar las miasis o gusaneras o que se infecte. El ombligo es una
puerta de entrada para bacterias, que generalmente causan poliartritis o
“peste boba”, enfermedad que se manifiesta por inflamación de las
articulaciones con acumulación de pus, y que puede evolucionar hacia
diarrea y neumonía infecciosas. Esta enfermedad produce alta mortalidad
en los terneros. Los terneros que sufren la enfermedad y sobreviven,
nunca alcanzan un desarrollo satisfactorio ni productivo.
El ombligo de los
terneros debe curarse con glicerina yodada al 50% (glicerina mezclada a
partes iguales con tintura de yodo). La condición aceitosa de la
glicerina permite que se adhiera a la piel y al pelo del ombligo y
evita que el yodo se lave con el agua lluvia o con la saliva del lamido
de la vaca. Igualmente, se deberá tomar y registrar el peso de cada
ternero al nacimiento y realizar la castración de los terneros machos
durante sus primeros días de vida.
Se ha comprobado que la
castración afecta menos a los terneros cuando se realiza a edad
temprana, que cuando se hace tardíamente y que no afecta su peso al
destete. Cualquiera que sea el método escogido para la castración de
los terneros, es recomendable realizarla durante la época seca, para
disminuir la incidencia de miasis o gusaneras e infecciones por
bacterias, sobre las heridas abiertas (Botero, 1989a).
Durante los primeros
días de vida del ternero es importante identificarlo. Esto se puede
hacer mediante un tatuaje numérico. Para ello debe limpiarse la cara
interna de la oreja, disolviendo por completo la grasa o cera natural,
con un trozo de tela de algodón empapada en alcohol, luego se aplican
los números a presión con la tenaza tatuadora, estos perforan la piel
de la cara interna de la oreja del ternero y enseguida, sobre las
perforaciones de la piel, se aplica la tinta de tatuar, de un color que
resalte sobre el color de la piel. También, pueden colocarse orejeras
plásticas o metálicas numeradas, que pueden caerse y perderse, de allí
la importancia de un tatuaje bien hecho, que es indeleble o imborrable
durante toda la vida del animal.
7. CRITERIOS TÉCNICO-ECONÓMICOS PARA LA SELECIÓN DEL GANADO
De la única forma que se logra hacer
una selección acertada es mediante la toma de registros de producción y
para ello es indispensable la numeración del ganado.
7.1. Un sistema de numeración del ganado
Si bien en hatos
pequeños, manejados por el propietario, se recurre a la asignación de
nombres a los animales, éstos resultan funcionales para llevar los
registros, siempre que no se dependa para ello de un empleado que puede
retirarse definitivamente en cualquier momento.
En hatos de mayor
tamaño o manejados con personal contratado, se debe numerar el ganado
para poder contar con registros confiables.
La numeración debe
colocarse, a hierro caliente o marca fría, sobre la piel, en la parte
baja de las piernas y/o como un tatuaje en la cara interna de las
orejas y aprovecharse para proveer, en su sola lectura, la mayor
información posible sobre el animal.
Un sistema de identificación que puede
adaptarse según las necesidades de cada finca, consiste en un número de
cuatro cifras, formado así: La primera cifra corresponde al último
dígito del año de nacimiento del animal, la segunda cifra corresponde
al bimestre y las dos últimas representan el orden de nacimiento del
ternero en cada bimestre. Si se desea diferenciar el sexo, en este
número de identificación se puede asignar una terminación impar para
los machos y terminación par para hembras, o viceversa (Botero, 1989a).
Ejemplo: animal # 2304. Este
número de identificación correspondería a la tercera hembra (1a=00;
2a=02; 3a=04) nacida durante el tercer bimestre (mayo-junio) del año 2
(1982, 1992, 2002, según corresponda).
Si en la numeración no
se está considerando el sexo, el ejemplo correspondería entonces al
quinto ternero nacido durante el tercer bimestre de un año terminado en
la cifra 2.
Este sistema de
numeración permite registrar un hato en el que se obtengan no más de
100 nacimiento por bimestre y hasta 600 nacimientos por año. El mismo
número de identificación sólo se repetirá diez años después de usado
una vez, cuando presumiblemente el animal inicial ya no se encuentra en
la finca.
En caso de tener más de
100 nacimientos por bimestre o más de 600 nacimientos por año, al
orden de nacimiento del ternero, dentro de cada bimestre y año, se le
pueden asignar tres cifras. Así, el número del animal queda con cinco
cifras y permite numerar hasta 1000 nacimientos por bimestre y hasta
6000 nacimientos por año calendario, ejemplo: animal # 23004.
7.2. Evaluación práctica de registros
En el sistema de doble
propósito, para la evaluación de cada vaca se deben expresar y sumar,
tanto la producción de leche durante la lactancia completa, como de la
carne, obtenida a través del peso corregido del ternero destetado y
traducirlos en dinero obtenido de cada vaca por día de intervalo entre
partos (IEP), o por día de intervalo entre concepciones (IEC).
La combinación de las
cifras de los registros de producción, con las de reproducción, permite
escalafonar las vacas con mayor exactitud, con el fin de detectar y
proceder a eliminar las menos productivas, aumentando así la eficiencia
biológica y económica del hato (Botero, 1989b).
De ser posible, se
deben palpar las vacas el día del destete, puesto que las que se
detecten como vacías, en ese momento, deben ser descartadas y vendidas
para el consumo de su carne, una vez que logren una buena condición
corporal.
8. ¿QUÉ HACER ANTE LA MUERTE DEL TERNERO?
En caso de muerte del ternero, antes
del sexto mes de lactancia, se deberá tratar de no perder la producción
total de leche de la lactancia de la vaca, haciendo que adopte otro
ternero.
Comúnmente muchos
ganaderos mencionan que el ternero para adopción debe ser bañado con
orina de la vaca o con una solución muy suave de agua con carbolina,
creolina o específico. Este tratamiento no siempre da resultado, ya
que muchas veces el ternero es rechazado por la vaca, que termina por
secar la leche rápidamente, ante todo porque hay que amarrarla y
manearla para que deje mamar al ternero extraño para ella.
Existe un método que parece infalible. Consiste en quitarle la piel al ternero muerto y colocársela cubriendo el lomo al ternero que se va a atetar. Para evitar que la piel se caiga, se la amarra con cuerdas al cuello, patas y cola del ternero. Este la mantiene por tres a cuatro días, cuando se cae sola o se la debe quitar, puesto que ya tendrá mal olor. En esta forma y dejando ambos animales juntos, al menos durante una noche en el corral o el establo, el ternero es fácilmente aceptado por la vaca, sin importar su sexo, color, tamaño o raza.
Para ello pueden utilizarse terneros machos o hembras de lecherías especializadas (ordeño sin ternero), que son vendidos a bajo precio. Esta práctica deberá hacerse máximo al día siguiente de la muerte del ternero.
Todos los terneros que nacen muertos o mueren poco después del nacimiento, deben ser revisados detenidamente, para ver si eran anormales o defectuosos, en cuyo caso hay que evaluar el toro y la vaca, para ver cual de ellos puede estar transmitiendo genes indeseables y/o letales y proceder a eliminarlo del hato (Botero y De Alba, 1989).
9. DESCORNE DE TERNEROS
Definitivamente el ganado sin cuernos se ve más bonito, se maneja más fácilmente y se evitan accidentes por heridas entre los animales o al personal que maneja y ordeña el ganado.
El uso de la pasta descornadora tiene el inconveniente de que puede regarse y quemar la piel del animal, o la de sus compañeros al rascarse entre sí. Para evitar ese problema basta con aislar cada becerro durante medio día, después de aplicarle la pasta descornadora.
Es más conveniente, a los dos meses de edad del ternero, aplicar una copa de hierro calentada al rojo vivo, hasta destruir la base del cuerno en formación.
Existe un método que parece infalible. Consiste en quitarle la piel al ternero muerto y colocársela cubriendo el lomo al ternero que se va a atetar. Para evitar que la piel se caiga, se la amarra con cuerdas al cuello, patas y cola del ternero. Este la mantiene por tres a cuatro días, cuando se cae sola o se la debe quitar, puesto que ya tendrá mal olor. En esta forma y dejando ambos animales juntos, al menos durante una noche en el corral o el establo, el ternero es fácilmente aceptado por la vaca, sin importar su sexo, color, tamaño o raza.
Para ello pueden utilizarse terneros machos o hembras de lecherías especializadas (ordeño sin ternero), que son vendidos a bajo precio. Esta práctica deberá hacerse máximo al día siguiente de la muerte del ternero.
Todos los terneros que nacen muertos o mueren poco después del nacimiento, deben ser revisados detenidamente, para ver si eran anormales o defectuosos, en cuyo caso hay que evaluar el toro y la vaca, para ver cual de ellos puede estar transmitiendo genes indeseables y/o letales y proceder a eliminarlo del hato (Botero y De Alba, 1989).
9. DESCORNE DE TERNEROS
Definitivamente el ganado sin cuernos se ve más bonito, se maneja más fácilmente y se evitan accidentes por heridas entre los animales o al personal que maneja y ordeña el ganado.
El uso de la pasta descornadora tiene el inconveniente de que puede regarse y quemar la piel del animal, o la de sus compañeros al rascarse entre sí. Para evitar ese problema basta con aislar cada becerro durante medio día, después de aplicarle la pasta descornadora.
Es más conveniente, a los dos meses de edad del ternero, aplicar una copa de hierro calentada al rojo vivo, hasta destruir la base del cuerno en formación.
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