Anatomía y Fisiología Animal
Anatomía animal
La anatomía animal es la ciencia que estudia el número,
estructura, tamaño, forma, disposición, situación y relaciones de
las diferentes partes internas y externas de los animales.
Dentro del contexto que recoge la medicina veterinaria y la
zootecnia, es importante tener en cuenta la anatomía de los
equinos, como animal base de estudio en todas las escuelas del
mundo.
Fisiología Animal
La fisiología (del griego physis, naturaleza, y logos,
conocimiento, estudio) es la ciencia biológica que estudia las
funciones orgánicas de los animales.
Esta forma de estudio reúne los principios de las ciencias
exactas, dando sentido a aquellas interacciones de los elementos
básicos de un animal con su entorno y explicando el porqué de
cada diferente situación en que se puedan encontrar estos
elementos. Igualmente, se basa en conceptos no tan relacionados
con los animales como pueden ser leyes termodinámicas, de
electricidad, gravitatorias, meteorológicas, etc.
Para que la fisiología animal pueda desarrollarse hace falta
conocimientos tanto a nivel de partículas como del organismo en
su conjunto interrelacionando con el medio. Todas las teorías en
fisiología animal cumplen un mismo objetivo, hacer comprensibles
aquellos procesos y funciones del animal y todos sus elementos en
todos sus niveles.
La fisiología tiene varias ramas: Fisiología celular, de tejidos,
de órganos, veterinaria o animal, humana, y comparada.
Sistema óseo
Básicamente, el esqueleto de todos los mamíferos está constituido
por los mismos grupos óseos con morfología y características
similares o diferentes según los casos y comprende una estructura
axial compuesta por cabeza, columna vertebral y caja torácica, y
unas estructuras apendiculares (normalmente, cuatro) integradas
por las extremidades y las respectivas cinturas que las unen al
tronco.
Se caracterizan por tener una columna vertebral dividida en
varias partes bien diferenciadas.
Mantener constante la temperatura corporal requiere un aporte
energético que debe ser minimizado optimizando el gasto. Para
ello, el aparato locomotor de estos animales ha evolucionado para
conseguir uno de los mayores logros de la naturaleza.
A diferencia de reptiles y anfibios, las extremidades no se
articulan perpendicularmente al tronco situándose a ambos lados
del mismo, sino que lo hacen bajo él permitiendo, por un lado
conseguir mayor eficiencia energética en la locomoción y por otro
alcanzar mayor envergadura ya que de este modo elevar el tronco
del suelo requiere menor gasto energético.
Esqueleto axial
El crecimiento de los huesos se detiene cuando el animal se hace
adulto, permitiendo así un ahorro energético, pero además,
durante la evolución, los huesos de estos animales han ido
fundiéndose y simplificándose de tal modo que su crecimiento
suponga también menores requerimientos de energía.
El cráneo es quizá el mejor ejemplo de esta simplificación ósea.
Los huesos que lo forman están soldados a diferencia de lo que
ocurre en reptiles, donde se unen mediante cartílagos. Esto a su
vez proporciona mayor superficie para la inserción de músculos de
mayor tamaño, o más numerosos.
Las costillas de los mamíferos se articulan exclusivamente con
las vértebras torácicas, mientras que en reptiles lo hacen
también con las cervicales y las lumbares.
El número total de vértebras y el de cada tipo de ellas varían de
unas especies a otras. Las vértebras cervicales son siete con
excepción del manatí que tiene seis, el perezoso de tres dedos
que tiene diez y el resto de perezosos que presentan un número
variable de ellas.
También la cintura pectoral es simple en los mamíferos. La
clavícula y los omóplatos son los únicos huesos que la forman, y
con ellos se articulan las extremidades anteriores. Como la
escápula se sujeta al tronco únicamente por músculos, y la
clavícula sólo se articula con el esternón, las extremidades
poseen grandes posibilidades de movimiento de las que carecen
otros tetrápodos.
Ilion, isquion y pubis son los tres huesos que se hallan
fusionados en los mamíferos para formar la pelvis, que no es sino
el hueso que se articula con el tronco en la región a la que da
nombre y a su vez con las extremidades posteriores.
Esqueleto apendicular
Pies y manos de algunos primates.
El diseño músculo-esquelético de los mamíferos ha evolucionado en
función del tipo predominante de locomoción de la especie. No
sólo hay especies cuadrúpedas terrestres, que son la mayoría,
sino que también las hay bípedas, o con capacidad para utilizar
dos o cuatro extremidades al desplazarse. Otras lo hacen bajo el
suelo, y no pocas colgadas de las ramas de los árboles. Además
hay mamíferos acuáticos y otros con capacidad para volar, lo que
convierte a este grupo de animales en una variedad de aspectos
morfológicos que estarán siempre en función del sistema de
locomoción empleado de forma habitual.
La mayor parte de los mamíferos son gregarios y poseen cuatro
extremidades con cinco dedos en cada una, es decir, son
cuadrúpedos y pentadáctilos, y una gran mayoría de ellos además
se apoyan en el suelo con toda la superficie plantar
(plantígrados), aunque la adaptación a los distintos medios ha
dado lugar a grandes diferencias producto de la evolución:
- Los animales que alcanzan mayor velocidad sobre el suelo se
apoyan sobre los dedos, bien sobre el extremo (ungulados) o sobre
su superficie ventral (digitígrados).
- Muchas especies pierden algunos de sus dedos: los
artiodáctilos tienen dos o cuatro y los perisodáctilos uno o
tres.
- Los cetáceos, sirenios y carnívoros marinos sufren grandes
modificaciones del esqueleto de las extremidades, adaptándose
éstas al medio acuático.
- Las falanges de los quirópteros son exageradamente largas
para servir de armazón óseo a las alas membranosas que se
extienden entre ellos.
- Muchos mamíferos zapadores ensanchan los huesos de las
extremidades anteriores para servirse de ellos como palas
retirando la arena.
- Los canguros y otros animales que se desplazan saltando
desarrollan poderosamente las extremidades posteriores, en
algunos casos en detrimento de las anteriores.
La masa muscular de los mamíferos se organiza en grupos o
sistemas neuromusculares que ejercen una función sinérgica o
complementaria y están inervados e irrigados por las mismos haces
nerviosos y vasos sanguíneos.
Éstos se unen principalmente a huesos mediante tendones y
aponeurosis, aunque también lo hacen a cartílagos, vísceras, piel
u otros músculos.
La principal función de los músculos es la relacionada con el
movimiento del organismo y en función de éste adquieren mayor o
menor desarrollo a la par que formas y estructuras en las
distintas especies.
El sistema muscular no presenta rasgos diferenciadores
significativos entre clases, ni entre especies de ésta por lo que
detenernos en ellos escapa a los objetivos principales que nos
ocupan.
Adaptación del aparato locomotor
Adaptaciones para el vuelo y el planeo
Las diferencias anatómicas de los quirópteros con la generalidad
de los mamíferos son más que notables, tratándose de las únicas
especies de la clase que presentan alas que les permiten el vuelo
activo. Éstas son formaciones membranosas constituidas por piel,
delgados músculos y tejido conectivo laxo conocidas como patagio.
La extremada delgadez de los huesos de los murciélagos tiene como
fin disminuir la masa corporal para que el vuelo sea menos
costoso, pero da como resultado que no puedan alcanzar en ningún
caso la envergadura de aves de mediano y gran tamaño. Para
conseguir más maniobrabilidad en el vuelo, la articulación del
hombro es libre, y son músculos los que unen el húmero a la
escápula permitiéndoles rotar el brazo alrededor del hombro en la
mayor parte de las especies.
Otros mamíferos como petauros, colugos o ardillas voladoras, no
son capaces de volar activamente, pero han desarrollado pliegues
de piel entre sus extremidades, que una vez extendidos les
permiten planear, a veces, considerables distancias. Sin embargo,
siempre necesitan de un punto en las alturas desde el que
lanzarse en el planeo, y su capacidad de maniobrabilidad no es
comparable en ningún caso a la de los quirópteros.
Adaptaciones para la vida acuática
La adaptación a la vida acuática también ha supuesto que la
morfología de las especies anfibias y acuáticas haya tenido que
vencer los obstáculos que les suponía el medio conquistado,
aprovechando a la vez las ventajas ofrecidas.
El agua, especialmente la salada, tiene una densidad hasta 800
veces superior a la del aire, por lo que la estructura ósea de
los animales marinos no necesita soportar el peso que soporta el
esqueleto de los animales terrestres. Como contrapartida, vencer
la fuerza de rozamiento que ejerce el medio durante el movimiento
de los animales, requiere más energía que hacerlo en el aire o
sobre la superficie de la tierra, de modo que es preciso que sus
cuerpos sean hidrodinámicos.
Adaptaciones para la vida bajo tierra
Tanto los animales subterráneos que pasan la mayor parte de su
vida bajo la superficie de la tierra, como aquéllos que sólo
emplean el subsuelo para protegerse necesitan estar pertrechados
de instrumentos para escarbar la tierra, y en efecto, las
especies que no están dotadas de grandes incisivos, lo están de
poderosas uñas en sus manos y con unos u otras, los animales son
capaces de apartar la tierra que obstaculiza su paso.
Normalmente, todas estas especies son de pequeño tamaño, algo que
resulta muy conveniente si se tiene en cuenta que cuanto mayor
volumen tenga que atravesar el túnel, mayor será el trabajo
necesario para desplazar la tierra.
Por otra parte, la piel de estos animales suele ser holgada y el
pelo corto y erizado, dispuesto en cualquier dirección, todo en
función de facilitar el tránsito por las galerías y los giros
dentro de ellas.
El tupido y largo pelo de la rata-topo plateada (Heleophobius
argenteocinereus) y la total alopecia de la rata-topo desnuda
(Heterocephalus glaber) son las excepciones a esta regla.
Otras características físicas comunes a la mayor parte de las
especies subterráneas o cavadoras son:
- Los pabellones auriculares son reducidos o están ausentes.
- La cola suele ser corta.
- Las vibrisas son cortas y escasas.
Sin embargo, ninguna de estas características es común a todas
las especies, por lo que se piensa que más que ser adaptaciones
para la vida subterránea, sean el resultado de la atrofia
inducida por un escaso interés de los citados elementos
anatómicos.
Piel de los mamíferos
La piel es un complejo sistema de tejidos superpuestos en
estratos que sirve a todos los animales para protegerlos de las
condiciones medioambientales. En los mamíferos es especialmente
gruesa, sobre todo en animales en los que tiene que cubrir
grandes masas musculares como ocurre con cetáceos, elefantes o
rinocerontes.
Las funciones principales de la piel son:
- Proteger al al organismo de las lesiones de origen externo
- Recibir estímulos ambientales
- Excretar sustancias de desecho
- Tomar parte en los mecanismos de termorregulación e
intercambio hídrico.
Estructura histológica
Epidermis
La capa más superficial o epidermis se compone de un estrato
interno de células pigmentadas que están en continua renovación,
migrando empujadas por células nuevas hacia la superficie
externa.
Estas células poseen melanina, un pigmento imprescindible para la
protección ante las radiaciones ultravioletas solares. Según se
hacen más superficiales, se queratinizan dando lugar al estrato
córneo de la epidermis, mueren, se hacen escamosas (estrato
escamoso de la epidermis) y acaban por desprenderse dejando paso
a las que se sitúan en estratos más profundos.
Dermis
Bajo la epidermis se halla la dermis. Es una capa de células muy
activas integradas en un tejido con gran cantidad de colágeno
responsable de la elasticidad de la misma. Es un estrato muy
vascularizado y con gran cantidad de terminaciones nerviosas,
responsable de la continua renovación de las células epidérmicas.
La dermis es el asiento del pelo, que no es sino un conjunto de
células del estrato epidérmico muy queratinizadas y modificadas
que dan lugar además a la formación de otras estructuras
fanerópticas. El folículo piloso posee un pequeño haz de fibras
musculares que se insertan bajo el estrato epidérmico y cuya
contracción da como respuesta el movimiento del pelo ante
estímulos de frío, sorpresa o miedo. Se trata del músculo erector
del pelo.
El estrato dérmico incluye varios tipos de glándulas: sebáceas,
sudoríparas y especializaciones de éstas en odoríferas y lácteas.
Glándulas sebáceas
Las glándulas sebáceas desembocan en el folículo piloso o raíz
del pelo y tienen como misión eliminar compuestos grasos que
lubrifican piel y pelo protegiéndolos.
Glándulas sudoríparas
Las glándulas sudoríparas son las encargadas de eliminar agua
para intervenir simultáneamente en los mecanismos de intercambio
hídrico y termorregulador. A la vez, junto al agua, eliminan
sales y sustancias de desecho.
No se reparten uniformemente por la superficie corporal y no
existen de manera constante en todos los mamíferos en determinada
región corporal.
En el canal auditivo, se transforman en glándulas ceruminosas,
que tienen como misión evitar la deshidratación del tímpano y
mantener su elasticidad.
Glándulas odoríferas
Son las glándulas sudoríparas modificadas, encargadas de eliminar
sustancias aromáticas que tienen como fin primordial la
indicación de determinados estados anímicos, sociales o
fisiológicos del animal y que, en casos extremos como el de las
mofetas, sirven como poderoso sistema defensivo.
Glándulas mamarias
Las otras glándulas sudoríparas modificadas son las lácteas,
capaces de sintetizar un compuesto líquido llamado leche que
sirve como alimento a los mamíferos durante las primeras etapas
de su vida.
Las glándulas se estructuran entre sí para desembocar
conjuntamente a través de un esfínter denominado pezón en el
vértice de las mamas.
El orden Monotremata constituye una excepción, pues las glándulas
no se estructuran en mamas sino que abren directamente en poros
diseminados por la región ventral.
Estas glándulas, como las demás, no se localizan en la misma
región en todos los mamíferos, y mientras que las anteriores
conocen gran diversidad de localizaciones según las distintas
especies, las mamas, se sitúan, en número variable, en la región
ventral del cuerpo (frontal en bípedos) formando dos líneas
(círculos en algunos marsupiales) a ambos lados del cuerpo, entre
las regiones torácica y pélvica.
Hipodermis
El tejido adiposo subcutáneo, además de formar parte esencial en
el metabolismo de las grasas constituyendo depósitos energéticos
de gran capacidad de movilización, resulta un perfecto aislante
corporal ante bajas temperaturas.
Bajo la hipodermis, la fascia profunda subyacente concluye la
conformación estratificada de un órgano, la piel, que llega a
suponer el 16 % del peso total del organismo.
El Pelo
Todos los mamíferos tienen pelo, en mayor o menor cantidad y éste
se distribuye de distinta forma según las especies. Su estructura
y disposición dependen sobremanera de las circunstancias
ambientales en las que se desenvuelve el animal.
Se estructura en una cubierta externa escamosa llamada cutícula,
una capa celular intermedia conocida como córtex y una interna de
células cúbicas llamada médula.
A cada pelo se le asocia una glándula sebácea y un músculo
erector del pelo que interviene en los mecanismos de regulación
de la temperatura corporal.
El pelo crece desde la epidermis por una rápida replicación
celular en el folículo que da lugar a la migración de las células
existentes hacia el exterior, en cuyo trayecto van
queratinizándose y mueren formando la cutícula.
La mayoría de las especies lo tienen durante toda la vida, pero
en otros sólo existe en determinadas fases de la misma. Por
ejemplo los cetáceos, lo pierden de manera uniforme cuando se
convierten en adultos, pero está presente al menos durante alguna
fase de la ontogénesis.
Así, desde las escasas cerdas que crecen alrededor de la boca de
estos mamíferos marinos hasta las densas y cerradas pelambres de
focas o nutrias, pasando por largos mechones en el yak (Bos
grunniens), un escaso y débil vello en los humanos, lana en las
ovejas (Ovis aries) y otros artiodáctilos, escamas en los
pangolines o espinas en puercoespines.
Tampoco el color es homogéneo y salvo raras excepciones que
presentan algunos simios como objeto de reclamo sexual, suelen
ser miméticos y en no pocas especies cambian de color según la
estación meteorológica. Por regla general, en los cuadrúpedos,
suele ser más claro en las regiones ventrales y mediales del
cuerpo.
Tiene entre otras, las siguientes funciones:
- Aislante térmico. La capa pilosa evita la pérdida de calor
corporal.
- Órgano sensorial. Las vibrisas son pelos especializados,
dotados de gran cantidad de terminaciones nerviosas, provistos
además de gran cantidad de fibras musculares que controlan su
posición. Muchos animales se sirven de estos órganos para recibir
información cuando entra en contacto con algún objeto en su
ambiente. Según la localización, éstas pueden ser:
-
Mistacales (en el hocico al lado de la nariz)
-
Gemales (posterior a los ojos y las orejas)
-
Mentales (en el mentón)
-
Superciliares (encima del ojo)
-
Carpales (en el carpo)
- Dar una apariencia física al animal que pueda servirle tanto
para el camuflaje como para comunicar información. Las mofetas
tienen el característico color blanco y negro que advierte a
todos sus posibles predadores del riego al que se enfrentan, los
lobos erizan el pelo de la espalda en señal de amenaza, los
capuchinos presentan un marcado dimorfismo cromático para
informar a sus congéneres del sexo al que pertenecen, algunas
especies de cérvidos tienen la superficie ventral de la cola de
color blanco de tal manera que al erguirla presintiendo un
peligro, avisan a sus congéneres próximos de tal incidencia,
actuando ésta como una evidente señal óptica.
- Protección frente a las agresiones físicas. El pelo en sí
mismo supone una barrera frente a determinadas agresiones como
abrasiones o quemaduras, pero además, mediante transformaciones
del mismo acaban constituyendo verdaderas defensas como es el
caso de las espinas de erizos o equidnas y las escamas o placas
de armadillos y pangolines.
La liebre ártica (Lepus arcticus) cambia la capa de forma
estacional para mimetizarse con el
medio
La mofeta rayada (Mephitis mephitis) avisa del peligro que supone
estar cerca de ella con una llamativa capa blanca y negra.
El pangolín (Manis sp.) modifica el pelo en protectoras placas.
Uñas, garras, cascos, pezuñas...
Sobre la piel, existen además formaciones de mayor dureza y
rigidez, no constantes en todas las especies, ni iguales en
aquéllas que las poseen: se trata de uñas (o estructuras
análogas) y cuernos.
Las garras, uñas y pezuñas son formaciones queratinosas de mayor
dureza que la piel que crecen en los extremos de los dedos de
todos los mamíferos a excepción de los de vida acuática que
tienen modificadas sus extremidades.
Presentan morfologías sumamente distintas según la especie de que
se trate y siempre está en función del tipo de vida y hábitat en
el que se desenvuelve el animal. Así animales como los carnívoros
que han de desgarrar y animales trepadores como las ardillas
desarrollan garras curvas y afiladas que les permiten realizar
ambas funciones. Otras especies poseen grandes garras de menor
curvatura y las utilizan para cavar como el equidna y el topo, o
para hurgar en grietas y conseguir alimento como hace el oso
hormiguero.
En general poseen garras todos los digitígrados y la mayor parte
de los plantígrados. En otras especies no tienen más función que
la de proteger el extremo del dedo, constituyéndose en cascos de
gran dureza que permiten a estos animales apoyarse con la punta
del o los dedos: son los ungulados. Por último, en algunos
plantígrados como los simios antropomorfos o el elefante las uñas
son más o menos aplanadas y sólo cubren parte de la porción
distal de los dedos como escudos protectores de zonas muy
sensibles.
Las uñas nacen en el interior de la dermis y crecen
constantemente a lo largo de la vida de los individuos. No son
estructuras únicas en los mamíferos encontrándose también en aves
y reptiles aunque ni unos ni otros presentas estructuras
similares a las pezuñas de los ungulados.
Cuernos
Las otras formaciones queratinosas a las que se ha hecho
referencia, los cuernos, sí son exclusivos de la clase, aunque no
todas las especies los presentan, ni las que lo hacen guardan
similitud entre sí en forma o tamaño.
Los cuernos son protuberancias óseas que crecen en la cabeza de
determinados mamíferos, pertenecientes a los órdenes Artiodactyla
y Perissodactyla.
En algunas especies del primero, crecen como estructuras pares
(dos o cuatro) en el hueso frontal cubriéndose de denso pelo muy
queratinizado que da gran consistencia y mayor longitud a la
cornamenta.
Los cérvidos tienen la capacidad de evolucionar a lo largo de las
estaciones climáticas de forma cíclica. Pierden la masa ósea
sobre la que se apoyan y acaban desprendiéndose para,
progresivamente a lo largo del año, volver a crecer hasta
alcanzar dimensiones similares o mayores a las de la temporada
anterior. Para distinguirlos de los cuernos que, como los de los
bóvidos, nunca se pierden de forma natural, a los de los cérvidos
se les suele llamar cachos.
Por lo que respecta a algunas especies de perisodáctilos,
concretamente los rinocerontes, los cuernos son estructuras
impares que crecen en número variable según la especie a lo largo
de la línea media de la cara. Su estructura es mayoritariamente
ósea y en ningún caso sufren fenómenos evolutivos temporales.
Nutrición de los mamíferos
También el aparato digestivo de estos animales está diseñado para
aumentar la eficiencia de la producción energética necesaria para
el mantenimiento de la temperatura corporal. Y esto se consigue
aumentando la eficacia tanto de la degradación de los alimentos
conseguidos para hacer accesibles la mayor cantidad posible de
nutrientes, como de la absorción de éstos.
Anatomía y fisiología del aparato digestivo
La boca
El aparato digestivo comienza en la boca. Es aquí donde tiene
lugar la trituración mecánica de los alimentos y su insalivación,
dos aspectos esenciales para conseguir una digestión más eficaz.
Los dientes son una característica de los mamíferos, aunque no
todos los adultos los presentan. Y con excepción de las ballenas
que los tienen todos iguales, el resto de las especies son
heterodontas, esto es, que tienen varios tipos de dientes. En
concreto cuatro:
- Los incisivos se insertan en los alvéolos de los huesos
premaxilar y mandibular. Son cuadrados o redondos y tienen como
misiones fundamentales sujetar, roer o cortar. Los rumiantes
carecen de ellos en la mandíbula superior. Roedores y lagomorfos
los tienen muy desarrollados y crecen continuamente a lo largo de
la vida por lo que necesitan ser desgastados constantemente. Los
primeros los presentan en ambas mandíbulas y los segundos sólo en
la superior.
- Los caninos, son puntiagudos y tienen como misión desgarrar,
por lo que son de especial importancia en todos los animales de
hábitos carnívoros y hematófagos presentándolos muy desarrollados
y llamativos. Otras especies presentan un gran desarrollo de
estos dientes en una o las dos mandíbulas más con fines
intimidatorios o defensivos que alimenticios como ocurre con los
elefantes, herbívoros estrictos, o algunos suidos y simios de
hábitos omnívoros. También la mayor parte de los artiodáctilos y
perisodáctilos carecen de ellos en la mandíbula superior o en
ambas, y roedores y lagomorfos en su totalidad no los presentan
en ninguna.
- Los premolares y molares son dientes bajos, planos y grandes
que se utilizan para triturar y rebanar el alimento, por lo que
adquieren especial importancia en herbívoros como los
artiodáctilos y perisodáctilos, disminuyendo según se incrementan
los hábitos carnívoros hasta el punto de que muchos de estos
animales presentan modificaciones de los premolares e incluso
primeros molares asemejándolos más a caninos que a molares
típicos. Las diferencias existentes en la dentición de los
mamíferos dan lugar a que la conformación de los dientes y la
fórmula dentaria sean instrumentos comúnmente utilizados en la
clasificación taxonómica de los mamíferos. Pueden ser:
Según la morfología de las cúspides:
- Lofodontos (cúspides unidas lingual-labial)
- Selenodontos (cúspides unidas antero-posterior)
Según la altura de las cúspides:
- Hipsodontos (cúspides altas)
- Braquidontos (cúspides bajas)
Según la forma de la pieza
- Tribosfénicos (en forma de triángulo)
- Cuadrados (con esta forma aproximada)
- Carnasales (crecimiento alométrico y cúspides en línea)
- Bunodontos (cúspides redondeadas)
Las glándulas salivares (parótida, sublingual, submandibular) son
las encargadas de producir la saliva, que es una sustancia
líquida viscosa empleada en la lubricación del bolo alimenticio
necesaria tanto para la masticación como para su tránsito hacia
el estómago. La saliva contiene una enzima, la ptialina, que
comienza la degradación del almidón antes de que éste llegue al
estómago. Pero además la saliva es importante en la
descontaminación de los alimentos, ya que posee una sustancia
bactericida, la lisozima, que destruye parte de la flora
microbiana que éstos vehiculan. Los herbívoros, que necesitan
masticar más intensamente el alimento, presentan un mayor
desarrollo de éstas, mientras que en los misticetos están
ausentes.
En la boca se procesan además la temperatura, textura y sabor de
los alimentos de tal manera que el sistema nervioso central puede
adecuar las secreciones de todos los órganos implicados en la
digestión a las necesidades concretas para cada alimento
procesado.
Esófago
El esófago es una víscera tubular de naturaleza muscular que
comunica la boca con el estómago, transitando por ella el
alimento. Su acción es puramente mecánica.
Estómago
El estómago es un saco de naturaleza glandular y muscular donde
tiene lugar la degradación y preparación de las proteínas para la
posterior absorción de sus nutrientes.
En la digestión gástrica, el ácido clorhídrico que vierten las
paredes del estómago da lugar a la desnaturalización de las
proteínas, que se hacen vulnerables a la acción de una enzima
también sintetizada en esta víscera, la pepsina. Esta enzima
rompe las cadenas proteicas transformándolas en péptidos y
polipéptidos que serán asimilados en las posteriores fases de la
digestión. Por otra parte, la digestión de los polisacáridos se
detiene ya que la acidificación del medio provocada por el ácido
clorhídrico, impide la actuación de la ptialina, deteniéndose el
proceso comenzado en la boca. En el estómago no hay enzimas que
ataquen a los lípidos, por lo que pasan por ella sin sufrir
alteración alguna. Sin embargo, ralentizan la digestión del resto
de los nutrientes, debido a que envuelven los trozos de alimento
aislándolos del jugo gástrico e impidiendo su digestión.
Intestino delgado
El intestino delgado es una estructura tubular que consta de tres
porciones, duodeno, yeyuno e íleon donde tiene lugar la siguiente
fase de la digestión de los alimentos. El duodeno está comunicado
con el estómago a través del píloro, un esfínter que permite el
paso en pequeñas porciones del contenido estomacal (quimo) cuando
éste está listo para continuar el proceso digestivo.
Al comienzo del tránsito intestinal, el páncreas vierte su jugo.
Éste, además de una alta concentración de bicarbonato que
neutraliza la acidez del quimo, posee varias enzimas que
intervienen en la degradación de los nutrientes: la amilasa
pancreática continúa la degradación de los polisacáridos
comenzada por la ptialina, las lipasas actúan sobre los
triglicéridos separando la glicerina de los ácidos grasos, otras
enzimas terminan la digestión de las proteínas que no fueron
degradadas por la pepsina gástrica.
La acción de las enzimas pancreáticas se complementa con la
acción de las sales biliares contenidas en la bilis, una
secreción producida por el hígado que tiene además la misión de
verter al intestino ciertas sustancias que no pueden ser
eliminadas con la orina, para ser excretadas con las heces. Las
sales biliares son unos poderoso detergentes que separan las
grasas en pequeñas gotitas que pueden ser más fácilmente
degradadas por las lipasas pancreáticas.
Las paredes del duodeno también sintetizan enzimas que colaboran
en la digestión del alimento. Las proteasas son quizá las más
significativas, pues terminan la degradación de estas complejas
moléculas (proteínas) que requieren para sí los mayores esfuerzos
en esta función fisiológica. Por otra parte, a medida que los
nutrientes se van haciendo asequibles, son absorbidos por las
paredes intestinales que los vierten al torrente sanguíneo para
ser transportados a los órganos donde tiene lugar su
metabolización.
Intestino grueso
De este modo, cuando el contenido digestivo alcanza el intestino
grueso, sólo queda agua, material no digerible y los minerales
segregados en las distintas fases del proceso. También está
formado por tres tramos, ciego, colon y recto.
Contiene una rica y variada flora microbiana que segregan enzimas
capaces de terminar la digestión del alimento, obteniéndose
azúcares que fermentan produciendo ácidos orgánicos de los que
aún puede obtenerse algo de energía. En este tramo intestinal
tiene lugar la absorción del agua, de los ácidos orgánicos y de
los minerales existentes en el contenido digestivo. La materia no
digerible se almacena en el recto para ser posteriormente
expulsada del organismo a través del ano.
Adaptaciones del aparato digestivo de los
mamíferos
Pero la gran variedad de dietas de estos animales configura
estructuras anatómicas con notables diferencias.
Como norma general, los herbívoros presentan un mayor desarrollo
de las vísceras digestivas, ya que los alimentos requieren
procesos químicos y mecánicos más intensos para ser digeridos.
La diferencia más significativa anatómica y funcionalmente la
presenta sin duda alguna el complejo estómago de los rumiantes,
dividido en cuatro compartimentos (retículo, rumen, omaso y
abomaso):
- Los alimentos ingeridos por estos animales pasan a la panza o
rumen directamente, casi sin masticar, donde tiene lugar una
fermentación microbiana gracias a la flora bacteriana existente
en su interior. De este modo, comienza la degradación de las
altas cantidades de almidón y celulosa que tienen los alimentos
de origen vegetal.
- Una vez que el alimento está procesado, los rumiantes
regurgitan el alimento y es entonces cuando tienen lugar los
procesos de masticación e insalivación.
- El bolo debidamente masticado e insalivado vuelve a ser
ingerido y llega al retículo, también conocido como bonete o
redecilla, donde tiene lugar una nueva fermentación de tipo
microbiana similar a la que tuvo lugar previamente en el rumen.
- Desde aquí, a través del agujero retículo-omasal, pasa al
omaso que no es sino una cámara con pliegues paralelos cubiertos
por papilas córneas que sirven, para proceder a la molturación
del alimento. En el fondo de los pliegues, tiene lugar la
absorción de agua, sales minerales y ácidos grasos. Durante el
paso del alimento por el omaso o libro, no se detiene la
fermentación.
- El último compartimento es el abomaso y se corresponde
anatómica y funcionalmente con el estómago monocameral del resto
de los mamíferos.
Pero no todos los herbívoros son rumiantes, y para solucionar el
problema de la degradación de los polisacáridos, un grupo de
animales entre los que se hallan los elefantes, los équidos o los
primates ha evolucionado incrementando el volumen del ciego para
que tenga en él una intensa fermentación bacteriana de la
celulosa, absorbiéndose los nutrientes producidos tanto en este
tramo como a lo largo del colon.
El otro grupo lo constituyen los herbívoros de pequeño tamaño
como roedores y lagomorfos, que al no poder retener durante mucho
tiempo el alimento en su organismo, excretan los alimentos con
abundantes nutrientes que no han podido ser terminados de
digerir, por lo que proceden a la ingestión de estas heces que
serán nuevamente procesadas para terminar de asimilar los
nutrientes contenidos en los alimentos.
Otro estómago con ciertas diferencias es el de los osos
hormigueros, que presenta un saco que recuerda a la molleja de
las aves, en las que el caparazón de los insectos de los que se
alimenta, es triturado previamente a su paso al estómago.
Otra diferencia significativa en la anatomía del aparato
digestivo la constituye la cloaca de los monotremas. En estos
animales la comunicación de los aparatos digestivo, urinario y
genital con el exterior, tiene lugar a través de un único
orificio como ocurre en las aves y los reptiles.
Reproducción de los mamíferos
Para entender la anatomía del aparato reproductor de los
distintos grupos de mamíferos, y de las notables diferencias
existentes entre ellos, hay que saber que el desarrollo
embrionario tiene lugar independientemente en ambas mitades
corporales, siendo una el espejo de la otra, y que éste tiene
lugar además, estrechamente relacionado con el del aparato
urinario.
Salvo los monotremas que son ovíparos, todos los mamíferos son
vivíparos y la fecundación es siempre interna, lo que requiere
que el macho inserte el pene eréctil en el interior de la vagina
de la hembra a través de la abertura externa conocida como vulva.
Anatomía del tracto genital
Aparato reproductor femenino
Los órganos que conforman el aparato reproductor de la hembra son
comunes a todas las especies, aunque existen diferencias
significativas entre los distintos taxones.
El ovario es la glándula sexual femenina, en la que se producen
los óvulos o células sexuales femeninas. Una vez que éstos han
madurado son expulsados del ovario hacia las trompas de Falopio u
oviductos, que son los conductos por los que el óvulo llega al
útero.
El útero es una víscera sacular de naturaleza glandular.
Realmente, en la mayoría de las especies se trata de dos cámaras
separadas o cuernos uterinos, aunque el grado de diferenciación
de ambos varía entre las especies hasta fusionarse completamente
formando un útero simple, si bien esta condición sólo aparece en
los primates no prosimios (lémures, lorises y tarseros),
armadillos, perezosos y algunas especies de murciélagos.
En todos los placentados existe algún grado de fusión de los
cuernos uterinos que, en marsupiales permanecen completamente
separados.
El útero conecta con la vagina, única en monotremas y placentados
y doble en marsupiales, que se abre al exterior a través de la
vulva. Junto a ésta, un pequeño músculo denominado clítoris es
común en todas las especies, y en algunas de ellas está dotado de
un pequeño hueso.
En los monotremas la abertura del tracto urogenital, al igual que
ocurre en reptiles y aves, es común a la digestiva, dando lugar a
un único orificio conocido como cloaca. En el resto de las
especies, la abertura urogenital es independiente de la
intestinal, existiendo una distancia entre ambas que varía entre
especies. Lo mismo ocurre con el sinus urogenital que es el
espacio existente entre la vulva y la abertura de la uretra en el
tracto genital. La elefanta presenta el más espectacular sinus,
que llega a medir hasta 60 cm. En contraposición, los primates no
lo presentan abriéndose al exterior de forma independiente la
uretra y la vagina.
Aparato reproductor masculino
En los machos, el aparato reproductor consta de dos testículos
que en un primer momento son intrabdominales, y a lo largo del
desarrollo, van descendiendo hasta una bolsa extrabdominal de
piel llamada escroto, excepto en elefantes, cetáceos y
desdentados que permanecen dentro de la cavidad abdominal.
El pene, presenta morfologías distintas, conduce la orina y el
esperma a través de la uretra, y en algunas especies de roedores,
carnívoros y primates está dotado de un hueso (el báculo). En los
marsupiales, es doble guardando el necesario paralelismo con la
vagina de la hembra.
La próstata es común a todas las especies, aunque en algunas
existen además otras glándulas accesorias.
Biología de la reproducción
Un componente fundamental de la evolución, del comportamiento, y
de la historia de los mamíferos está basado en la dedicación que
las hembras ponen en el cuidado de su descendencia, comenzando
ésta incluso antes de que los huevos se fertilicen.
Todas las hembras experimentan una cierta forma de ciclo estral
en la cual los huevos deben prepararse y estar listos para una
potencial fertilización. Las hormonas regulan cambios en varios
aspectos de la fisiología femenina a través del ciclo y preparan
a la hembra para la fertilización, la gestación y la lactancia.
En este variopinto grupo animal, pueden observarse muchas
estrategias reproductivas, y los patrones que vamos a ver a
continuación son los extremos de una serie continua que abarca
esta variación.
Los factores ambientales, así como los requerimientos
fisiológicos y sociales contribuyen al patrón de la reproducción
encontrado en cualquier población o especie. Las diferencias en
estos factores entre especies han conducido a la diversidad de
los rasgos entre mamíferos y sus formas de vida.
Apareamiento y comportamiento social
La relacion entre individuos de ambos sexos con fines
reproductivos conocen varias situaciones en las especies
mamíferas:
- Poliginia. Es la más frecuente entre estos animales y
consiste en el apareamiento de un solo macho con distintas
hembras en una misma estación reproductiva. Este panorama da
lugar a una intensa competición entre los machos en muchas de las
especies, exhibiendo el potencial necesario para que las hembras
los elijan para engendrar su descendencia. Así, se aprovechará
mejor el potencial genético de los machos dominantes, mejor
preparados para afrontar los desafíos de la vida, pudiendo
engendrar el mayor número de crías posible, que, por otra parte
estarán supuestamente mejor dotadas genéticamente, mientras que
las hembras pueden dedicar el esfuerzo a la gestación y lactancia
de la prole. El inconveniente es que muchos machos no tendrán
descendencia alguna a lo largo de su vida.
- Promiscuidad. Tanto machos como hembras se aparean con
múltiples individuos del otro sexo a lo largo de la estación de
cría. No es muy frecuente y se da entre algunas especies de
primates, entre ellos algunos homínidos.
- Monogamia. Consiste en el emparejamiento de un macho y una
hembra que durará al menos toda la estación reproductiva. No es
muy frecuente entre los mamíferos, estimándose en alrededor de un
3% de todas las especies. Algunas de ellas como la orca parecen
mostrar este comportamiento.
- Poliandria. Consiste en que una sola hembra es la que se
aparea con todos los machos de la colonia. Este tipo de relación
social es el que manifiestan los insectos coloniales y entre los
mamíferos ha sido observado en las ratas-topo desnudas. La hembra
reproductiva actúa de reina y se aparea con todos los machos de
la colonia impidiendo la reproducción del resto de las hembras
que se ocuparán sin embargo del cuidado de sus crías.
Como consecuencia de los esfuerzos que machos y hembras han de
padecer para llegar a reproducirse, muchos mamíferos tienen
comportamientos complejos y morfologías asociadas a la
reproducción. Por ejemplo la mayor parte de las especies
presentan un marcado dimorfismo sexual con machos de mayor
envergadura, fruto de la selección natural conseguida por la
presión que supone la competencia física a la que éstos se ven
sometidos para tener acceso a las hembras.
La reproducción de muchas especies tiene carácter estacional,
siendo influenciada ésta por estímulos ambientales tales como la
duración de las horas de luz solar, los recursos alimenticios o
la temperatura ambiental, que dictan cuando debe tener lugar el
apareamiento. A menudo, los sistemas de acoplamiento pueden
variar dentro de cada especie dependiendo de las condiciones
ambientales locales. Por ejemplo, cuando los recursos son bajos,
copulan con una sola hembra y ayudan al cuidado de la prole,
mientras que cuando éstos son abundantes, la madre puede cuidar
sola de sus crías mientras que los machos procurarán engendrar
descendencia con múltiples hembras.
Desarrollo embrionario
Hay tres grupos importantes de mamíferos, cada uno de los cuales
está representado por una característica importante del
desarrollo embrionario:
- Los monotremas (Prototheria) ponen huevos, que es la
condición reproductiva más primitiva de los mamíferos.
- Los marsupiales (Metatheria) los embriones nacen en una fase
muy precoz de desarrollo, después de un período muy corto de la
gestación (8 a 43 días) con un ínfimo grado de desarrollo. Se
alojan en el marsupio donde permanecen estrechamente unidos a los
pezones hasta completar su desarrollo, y los periodos de
lactancia son proporcionalmente muy superiores a los de los
placentarios.1
- La gestación dura mucho más de largo en los mamíferos
placentarios (Eutheria). Durante este periodo, los jóvenes están
vinculados recíprocamente con su madre a través de una placenta,
un órgano complejo que conecta el embrión con el útero.
Una vez que han nacido, todos los mamíferos dependen de sus
madres para alimentarse, pues sólo ellas pueden proporcionarles
su primer alimento: la leche.
Existen además diversas fórmulas en las que el embrión no
comienza su desarrollo inmediatamente después de la cópula:
Algunas hembras almacenan el esperma hasta que las condiciones
son favorables para que comience la fertilización, produciéndose
ésta en ese momento. En otras, los huevos son fecundados poco
después de la cópula, pero la implantación del embrión no tiene
lugar hasta que las condiciones son satisfactorias. Este proceso
se conoce como implantación diferida. Por último, una tercera
forma de gestación no inmediata es el desarrollo diferido, en el
cual el desarrollo del embrión ya implantado puede retrasarse
durante un cierto tiempo.
La reproducción estacional y los mecanismos de gestación no
inmediata a la cópula son estrategias reproductivas que ayudan a
mamíferos a coordinar el nacimiento de la descendencia para que
ésta tenga lugar en los momentos en los que puedan aumentar las
ocasiones de su supervivencia.
Los procesos reproductivos comienzan con la ovogénesis y
espermatogénesis, que son las fases de producción de las células
sexuales o gametos femenino (óvulo) y masculino (espermatozoide).
En el folículo ovárico se forma el óvulo que a medida que va
creciendo y madurando migra hasta el exterior del ovario para
recorrer el tracto reproductivo de la hembra hasta el lugar donde
se produce la fecundación o unión del óvulo con el espermatozoide
que puede ser en la vagina o el útero dependiendo de la especie.
Una vez formado el huevo o cigoto, comienza la reproducción
celular, diferenciándose las tres capas que describen a los
amniotas: corion, amnios y alantoides, que irán también
evolucionando a medida que se reproducen sus células,
especializándose en determinadas funciones que darán lugar al
desarrollo del nuevo individuo.
Prolificidad y cuidado de las descendencia
Algunos mamíferos dan a luz muchas crías escasamente
desarrolladas en cada estación reproductiva. A pesar de este
estado relativamente subdesarrollado, los jóvenes tienden a
alcanzar la madurez relativamente pronto, pudiendo reproducirse
sin haber alcanzado el tamaño o el aspecto de individuos maduros.
Normalmente esto va relacionado con altos índices de mortalidad y
baja esperanza de vida como ocurre con los roedores o los
antiguos insectívoros.
En el otro extremo del espectro de la historia de la vida, otras
especies dan a luz un escaso número de individuos en cada parto.
Estas especies tienden a vivir en ambientes estables donde la
competición por los recursos es el único obstáculo para la
supervivencia y el éxito reproductivo. La estrategia de estas
especies es invertir energía y algunos recursos en conseguir
descendientes altamente desarrollados que consigan ser buenos
competidores. Los cetáceos, los primates y los artiodáctilos son
ejemplos de las órdenes que siguen este patrón general.
Todas las crías de mamíferos tienen que alimentarse de leche
durante un cierto tiempo al inicio de su vida, y este alimento
sólo puede proporcionárselo su madre, por lo que la vinculación
existente entre madre e hijo es imprescindible para que las crías
puedan comenzar el desarrollo extrauterino. La leche es un
líquido orgánico producido por las glándulas mamarias, rica en
grasas, hidratos de carbono, proteínas, y los minerales
necesarios para el crecimiento de los recién nacidos.
La lactancia puede suponer un desgaste energético para la madre
superior al de la gestación, pero la leche es imprescindible para
que las crías, una vez fuera del útero materno puedan mantener su
temperatura corporal, y crezcan y se desarrollen adecuadamente.
Pero no sólo tienen que alimentarlas, las hembras tienen que
proteger a sus crías de los depredadores, y éstas a su vez tienen
que aprender de sus madres los mecanismos que les permitirán
seguir con vida, por lo que en muchas especies, la descendencia
permanece con la madre después de la lactancia durante un cierto
período.
Por regla general, los machos dedican más esfuerzo a la difusión
de su material genético que a la protección y cuidado de la
descendencia. Y esto es más frecuente cuanto menos estable sea la
relación entre el macho y la hembra. Así, aquellas especies que
establecen relaciones monogámicas son las que manifiestan mayor
interés de los machos por la protección de la descendencia.
En otras ocasiones, el macho participa en la protección de la
descendencia de forma indirecta, dedicándose a la protección del
territorio que ocupa la manada o la preservación de los recursos
alimenticios.
No obstante, en ciertos casos, el comportamiento de los machos en
relación a este asunto, varía en función de las condiciones
ambientales, responsables directas de la disponibilidad
alimenticia.
Independientemente del tipo de apareamiento, algunas especies
como titíes o leones africanos, comparten el cuidado de la
descendencia de todas las hembras del grupo.
La mayoría de los mamíferos hacen uso una guarida o una jerarquía
social para la protección de sus jóvenes. Otros, sin embargo,
nacen bien desarrollados y pueden valerse por sí mismos
relativamente poco tiempo después del nacimiento. Los más
notables de este respeto son los artiodáctilos tales como ñúes o
jirafas. Los jóvenes cetáceos deben también ser capaces de nadar
por sí mismos poco después del nacimiento.
Exactamente igual que asistimos a grandes diferencias en cuanto a
tamaño, forma o comportamiento de las distintas especies, también
la esperanza de vida de estos animales varía enormemente de unas
especies a otras.
Por norma general, puede asegurarse que cuanta menos envergadura
tiene un mamífero, menor es su esperanza de vida. Sin embargo,
los murciélagos constituyen la excepción que confirma esta regla,
pues aun siendo relativamente pequeños, pueden vivir en
condiciones naturales incluso más de dos décadas, lo que es
bastante más tiempo que el que viven muchas especies de mayor
tamaño.
Como norma general, los animales en cautividad suelen vivir más
tiempo que los salvajes, algo que resulta evidente teniendo en
cuenta que sus condiciones de vida están controladas para que les
resulten favorables.
La esperanza de vida de los mamíferos salvajes se extiende desde
un año o algo menos hasta aproximadamente 70-80, si bien, algunas
especies pueden sobrepasar esta edad; el mamífero más longevo que
se conoce es la ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) puede
llegar a vivir más de 200 años. Se considera que la edad máxima
que puede alcanzar un humano es de 120 años.
Respiración y circulación sanguínea de los mamíferos
Aparatos circulatorio y respiratorio
Para conseguir mayor eficacia de la respiración y distribución
del oxígeno a las células, los aparatos circulatorio y
respiratorio se vuelven más complejos que los de los reptiles. En
primer lugar, el corazón se divide en cuatro cavidades, dos
aurículas que reciben la sangre, y dos ventrículos que la
expulsan.
De este modo, la sangre oxigenada procedente de los pulmones,
llega a la aurícula izquierda y es distribuida a todo el
organismo desde el ventrículo del mismo lado. La sangre que
retorna del organismo carente de oxígeno, lo hace a la aurícula
derecha, siendo impulsada desde el ventrículo correspondiente
hasta los pulmones, donde se oxigenará y retornará nuevamente al
corazón. Estos animales, por tanto, disponen de dos circuitos
independientes para la circulación de la sangre, el pulmonar y el
sistémico.
Pero además, los eritrocitos (glóbulos rojos) han perdido el
núcleo de tal modo que el volumen desocupado permite una mayor
cantidad de hemoglobina en el interior de la célula, aumentando
por tanto la capacidad de transporte de oxígeno.
Tanto el corazón como los pulmones, son relativamente grandes en
los mamíferos, ocupando la mayor parte de la cavidad torácica. En
algunos grupos taxonómicos asistimos además a un aumento del
volumen de los pulmones, como es el caso de los murciélagos, en
los que éstos son proporcionalmente tres veces más grandes que en
las especies terrestres. Los pulmones son unos órganos esponjosos
que constan de una estructura ramificada de canales para la
circulación del aire llamadas bronquiolos que desembocan en unos
sacos de naturaleza epitelial, conocidos como alvéolos, en los
que se produce el intercambio de gases (oxígeno y dióxido de
carbono) entre el aire inspirado y la sangre. La estructura
dendrítica de bronquiolos y alvéolos tiene como consecuencia un
notable aumento de la superficie de intercambio, incrementando
por tanto la capacidad respiratoria de los animales. Se considera
que la superficie media de intercambio de gases en un humano, es
más de 40 veces la correspondiente a la piel de todo su cuerpo.
Los bronquiolos van agrupándose y formando los bronquios, a
través de los cuales el aire circula entre los pulmones y la
tráquea que comunica con la cavidad buco-nasal mediante la
laringe.
Sistema nervioso y órganos de los sentidos de los mamíferos
Sistema nervioso
Sistema nervioso central
Si bien, las diferencias son notables entre el cerebro de un
monotrema y el de un delfínido o un primate antropomorfo, en
general, la masa cerebral de todos los mamíferos presenta una
complejidad y un grado de desarrollo que no tiene comparación en
el reino animal. A medida que avanzamos dentro de la clase hacia
especies más evolucionadas, la corteza cerebral o substancia
gris, considerada la parte noble del cerebro incrementa su
volumen, a la vez que lo hace el número y complejidad de sus
circunvoluciones. El volumen del cerebelo es también mayor en los
mamíferos.
La actividad psíquica de los mamíferos es muy superior a la del
resto de los animales, y en las especies más evolucionadas se
aprecian rasgos de memoria e incluso de inteligencia.
El sistema nervioso central (SNC) está constituido por el
encéfalo y la médula espinal. Están protegidos por tres
membranas: duramadre (membrana externa), aracnoides (membrana
intermedia), piamadre (membrana interna) denominadas
genéricamente meninges. Además, el encéfalo y la médula espinal
están protegidos por envolturas óseas, que son el cráneo y la
columna vertebral respectivamente.
Las cavidades de estos órganos (ventrículos en el caso del
encéfalo y conducto ependimal en el caso de la médula espinal)
están llenos de un líquido incoloro y transparente, que recibe el
nombre de líquido cefalorraquídeo. Sus funciones son muy
variadas: sirve como medio de intercambio de determinadas
sustancias, como sistema de eliminación de productos residuales,
para mantener el equilibrio iónico adecuado y como sistema
amortiguador mecánico.
Las células que forman el sistema nervioso central se disponen de
tal manera que dan lugar a dos formaciones muy características:
la sustancia gris, constituida por los cuerpos neuronales, y la
sustancia blanca, formada principalmente por las prolongaciones
nerviosas (dendritas y axones), cuya función es conducir la
información. En resumen, el sistema nervioso central es el
encargado de recibir y procesar las sensaciones recogidas por los
diferentes sentidos y de transmitir las órdenes de respuesta de
forma precisa a los distintos efectores. Y se puede decir que el
sistema nervioso central es uno de los más importantes de todos
los sistemas que se encuentra en nuestro cuerpo.
Regeneración
Debido a la gran especialización de sus células, el sistema
nervioso central no se regenera[1] o tiene muy limitada esa
capacidad, en comparación con el sistema nervioso periférico.
Sistema nervioso periférico
El sistema nervioso periférico o SNP, es el sistema nervioso
formado por nervios y neuronas que residen o extienden fuera del
sistema nervioso central, hacia los miembros y órganos. La
diferencia con el sistema nervioso central está en que el sistema
nervioso periférico no está protegido por huesos o por barrera
hematoencefálica, permitiendo la exposición a toxinas y a daños
mecánicos. Es el que coordina, regula e integra nuestros órganos
internos, por medio de respuestas inconscientes.
Se subdivide en:
- Sistema nervioso somático: Activa todas las funciones
orgánicas (es activo).
- Sistema nervioso autónomo o vegetativo: Protege y modera el
gasto de energía. Está formado por miles de millones de largas
neuronas, muchas agrupadas en nervios. Sirve para transmitir
impulsos nerviosos entre el S.N.C y otras áreas del cuerpo.
- Nervios periféricos: Tienen tres capas: endoneuro, perineuro
y epineuro.
Sistema nervioso Somático
Nervios espinales, que son los que envían información sensorial
(tacto, dolor) del tronco y las extremidades hacia el sistema
nervioso central a través de la médula espinal. También envían
información de la posición y el estado de la musculatura y las
articulaciones del tronco y las extremidades a través de la
médula espinal. Reciben órdenes motoras desde la médula espinal
para el control de la musculatura esquelética; y son 31 pares de
nervios cada uno con dos partes o raíces una sensitiva y otra
motora.
La sensitiva es la que lleva los impulsos desde los receptores
hasta la médula espinal.
La motora es la que lleva los impulsos desde la médula espinal
hasta los efectores correspondientes.Siempre se tienen que tomar
en cuenta los nervios raquideos
Nervios craneales, que envían información sensorial procedente
del cuello y la cabeza hacia el sistema nervioso central. Reciben
órdenes motoras para el control de la musculatura esquelética del
cuello y la cabeza; y son 12 pares de nervios craneales.
Sistema nervioso Autónomo
Regula las funciones corporales, controla la musculatura lisa, la
cardíaca, las vísceras y las glándulas por orden del sistema
nervioso central.
- Rama simpática: implicada en actividades que requieren gasto
de energía.
- Rama parasimpática: encargado de almacenar, conservar la
energía, además de motilidad gástrica.
- Rama entérica: regula la actividad gastrointestinal y
coordina los reflejos peristálticos.
Lo componen raíces, plexos y troncos nerviosos.
Raíces:
- Raíces cervicales
- Raíces torácicas = Raíces dorsales
- Raíces lumbares
- Raíces sacras
Plexos:
El plexo cervical es el plexo nervioso más superior en el sistema
nervioso periférico. Está formado por los ramos anteriores de los
primeros cuatro nervios cervicales (de C1 a C4), ramos que con
excepción del primero, se dividen en ramos ascendentes y
descendentes, uniéndose con los ramos adyacentes formando bucles.
Se encuentra a lo largo de las primeras cuatro vértebras
cervicales, anterolateral al músculo elevador de la escápula y
escaleno medio, y en la profundidad del músculo
esternocleidomastoideo.
- Plexo braquial
- Plexo lumbosacro
Nervios:
- Pares craneales
- Nervios de miembros superiores
- Nervios de miembros inferiores
Desde el punto de vista funcional el sistema nervioso se divide
en:
- Componente Sensorial (aferente) que recibe y transmite
impulsos al SNC para su procesamiento
- Componente motor (eferente) que se origina en el sistema
nervioso central y transmite impulsos a órganos efectores en la
totalidad del cuerpo; y este a su vez se divide en:
- Sistema somático, en el que los impulsos que se originan en
el sistema nervioso central se transmiten directamente a través
de una neurona a un musculo esquelético
- Sistema autónomo recibe los impulsos del SNC y se transmite
primero a un ganglio autónomo a través de una neurona; una
segunda neurona que se origina en el ganglio autónomo lleva a
continuación el impulso a musculo liso y musculo cardiaco o
glándulas